Los cientos de miles de hipotecados que tienen dificultades para pagar la letra mensual por culpa de la crisis y el paro han encontrado una gran receptividad (interesada) en la banca para relajar los pagos y que no pierdan su casa. Pero este alivio está en peligro por culpa de los impuestos. Las comunidades autónomas, con el respaldo de Hacienda, están tratando de cobrar impuestos a todas las operaciones que rebajan los pagos mensuales de los hipotecados, lo que ha dado pie a un duro enfrentamiento con la banca y pone en peligro estas soluciones... y la tasa de morosidad de bancos y cajas. Según distintas fuentes conocedoras de la situación, Hacienda y las autonomías (es un tributo autonómico) quieren cobrar el impuesto de Actos Jurídicos Documentados a todos aquellos hipotecados que rebajan sus pagos mensuales porque no pueden hacer frente a la letra. Este impuesto es el que se paga al escriturar una casa y al formalizar una hipoteca, y consiste en el 0,5% del capital del préstamo más los intereses que se pagarán hasta en los cinco primeros años. Con lo cual, lo que se ahorran con la rebaja de la letra, al menos en un primer momento lo pueden perder con este impuesto.
Detrás del cobro de este impuesto se encuentra, claro está, la voracidad recaudatoria en un momento en que los ingresos fiscales se han desplomado tanto en el nivel estatal como en el autonómico. En efecto, Standard & Poor's estimaba ayer que la deuda de las comunidades autónomas crecerá un 55% este año por culpa principalmente del desplome de los ingresos tributarios, tanto de los impuestos autonómicos como de la parte que el Estado les cede de sus impuestos.
Esta medida supone una carga de profundidad contra las múltiples fórmulas puestas en marcha por bancos y cajas para permitir que los clientes que no pueden hacer frente a la hipoteca -por ejemplo, porque uno de los miembros de la pareja se ha quedado en paro, o porque es autónomo o empresario y atraviesa dificultades- no entren en mora. Unas fórmulas que consisten básicamente en la rebaja de la letra mensual a un nivel asumible o incluso un período de carencia en el que no se paga nada de capital (y a veces tampoco de intereses). Una vez que el hipotecado sale de su apurada situación actual, la letra va subiendo progresivamente hasta volver al nivel previo a la crisis. A cambio, lo habitual es que se alargue el plazo en el que hay que seguir pagando el préstamo. Leer artículo completo